El año 2016 marcó un momento crucial en la historia de Independiente Rivadavia, conocido como La Lepra. Después de una serie de actuaciones destacadas y un trabajo arduo, el equipo logró ascender a la Primera B Nacional, lo que fue recibido con una mezcla de alivio y alegría por parte de la hinchada. La temporada había sido una montaña rusa de emociones, pero la determinación del equipo se hizo evidente en cada partido.

La campaña del ascenso estuvo marcada por un conjunto de jugadores que demostraron su valía en el campo. La afición se volcó en el Estadio y creó un ambiente electrizante durante cada encuentro, convirtiendo cada partido en una verdadera fiesta. La Lepra no solo buscaba ganar, sino también devolver la esperanza a su hinchada, que había estado esperando este momento durante años.

El partido decisivo que selló el ascenso fue un espectáculo inolvidable. La Lepra se enfrentó a un rival que no se lo puso fácil, pero la perseverancia y la estrategia del cuerpo técnico llevaron al equipo a un desenlace glorioso. Los jugadores, con lágrimas en los ojos, celebraron en el campo, mientras los aficionados estallaban de alegría en las gradas.

Este ascenso no solo fue un logro en términos deportivos, sino que también revolucionó la identidad del club. La Lepra se convirtió en un símbolo de lucha y resiliencia, y muchos jóvenes de Mendoza comenzaron a soñar con vestirse de azul y blanco. La comunidad se unió en torno a este éxito, y el club se consolidó como una fuerza en el fútbol argentino.

Desde entonces, el legado de ese ascenso ha perdurado. La Lepra ha seguido creciendo y evolucionando, siempre recordando la importancia de esa temporada que revitalizó no solo al equipo, sino a toda la ciudad de Mendoza. La hinchada sigue llevando en su corazón ese momento histórico y cada partido se convierte en una celebración del espíritu de La Lepra.